Lo que aprendí en la oscuridad de Bogotá

La primera motivación por la cuál me fui a visitar casi 30 lugares de encuentro sexual dentro del perímetro central urbano de Bogotá era la de hacer justicia. Ver a tantos hombres casados o padres de familia teniendo sexo con otros hombres y mujeres sin ningún tipo de remordimiento y con la indiferencia que caracteriza a este tipo de encuentros en una sociedad donde se tiene tanto prejuicio hacia el homosexual o la trabajadora sexual me generaba escozor. Tenía que poner al descubierto a estos individuos, finiquitar con alguna obra donde evidenciara la doble moral y se revisaran ciertos comportamientos. Algo realmente nada nuevo. Pero las enseñanzas fueron tan significativas que aquí les comentaré tan solo una de ellas.

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Don Coso 2014. (Fotografía mía y de nadie más)

Mi recorrido duró casi 6 meses alrededor de los prostíbulos del Santa Fé, todas las cabinas de videos triple X de la Décima, los pocos cinemas porno que aún se conservan en Bogotá y el Parque Nacional.

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Don Coso 2014. (Fotografía mía y de nadie más)

Lo que me sorprendió de las charlas con hombres mayores (personas que acuden en su mayoría a este tipo de espacios) fue descubrir su resignación ante la opresión cultural a la cual fueron sometidos durante años. Son conscientes que se encuentran atrapados en un modelo familiar (monógamo o heteronormativo) y se les inculcó desde pequeños a actuar bajo una conducta ética que finalmente son incapaces de seguir, y deciden usar el sexo casual como fuente liberadora.

Por generaciones la sociedad reprimió al “subnormal”, lo miró con desdén y lo excluyó, y por obvias razones muchos no pasaron el umbral, quedándose en una zona de confort donde la aprobación social condicionó su forma de ver el mundo, de ser, de apropiarse de un rol público, pero tomar otro en las zonas más oscuras, un rol liberado que solo se manifiesta en los “cuartos oscuros” de los sitios de encuentro sexual.

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Don Coso 2014. (Fotografía mía y de nadie más)

Por supuesto encontré casos excepcionales. Con muchos años de confianza, parejas de edad avanzada decidían acudir a estos sitios para contemplar los alcances de su sexualidad, y fue ahí donde descubrí otra forma de subvertir la censura impuesta por la colonización moral, una forma a base de amor, de comunicación y confianza donde ambos estaban dispuestos a satisfacer ese deseo tan íntimo que le teme a la desaprobación.

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Don Coso 2014. (Fotografía mía y de nadie más)

¿Quién se imaginaría que parejas heterosexuales de edad avanzada estarían recorriendo estos espacios tan sórdidos para explorarse a sí mismos? probablemente nadie que tenga ese prejuicio, porque este nos impide imaginar a la sexualidad como un universo que se transforma de manera constante.

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Don Coso 2014. (Fotografía mía y de nadie más)

Las diversas orientaciones sexuales, las prácticas, el consumo de sustancias legales o ilegales, siempre estarán ahí, y harán parte de la autodeterminación de los individuos. Lo que no podemos negarnos es el derecho a explorar. Dicha búsqueda guiada por el instinto, trae consigo respuestas positivas o negativas en nuestra construcción como sujetos, unos sujetos más críticos y liberados que no se guían por una estructura impuesta que condiciona la existencia.

Antes de afirmar una posición o juzgar un comportamiento sexual, es importante conocer el pasado de un individuo, su entorno familiar, pedagógico, sus deseos y forma de ver mundo. Sin ánimos de defender sus acciones que sin lugar a dudas pueden ser reprobables desde otros aspectos, debemos ser conscientes que la represión cultural tiene una gran responsabilidad en la manera como percibimos nuestro entorno y designamos a este juicios de valor.

El hermano brujo

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Con el volante en mano me fui a buscar aquella oficina del hermano brujo. Estando en portería, el vigilante hace un gesto descortés, levanta las cejas y las arrugas de su frente para no gastar palabras. Yo le suelto las mías.

– Buenas, vengo para una consulta…

El señor me mira con desdén y decide abrir su boca:

– ¿Consulta de qué?

Y fue cuando me sentí desnudo, como revelándole todos mis problemas de amor y fortuna a un desconocido que de manera tan vil y a los cuatro vientos me exponía delante de otros desconocidos en el pasillo.

– ¡Ah! Donde el brujo, siga, bien pueda. Por las gradas en el tercer piso.

Con la cabeza agachada de tanta vergüenza y subiendo las escaleras hallé la oficina entre otras de abogados y librerías, todo olía a un perfume extraño como los que usan mis tías. Es difícil describir a qué huelen las tías, pero las mías se reconocen por una fuerte fragancia de crema dulce que ellas soban alrededor de sus brazos descolgados. Es difícil describirlo, pero al menos yo sí sé a qué huelen mis tías y con eso me basta.

Estando en la puerta con un afiche grande del Sagrado Corazón de Jesús en frente, toqué temeroso pero no había nadie, y sentía que había perdido mi tiempo, mi pudor, mi esfuerzo. Entonces regresé a San Victorino en búsqueda de otro volantico que guiara mi camino.

Después de reunir dos papeles diferentes me di cuenta que el destino estaba señalándome el mismo camino, eran hermanos diferentes, nombres diferentes pero la misma oficina, como una oficina de asesores donde quizás calientan su almuerzo en el mismo microondas y esperan juntos el final de una jornada ejecutiva.

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De nuevo toco una y otra vez en la puerta del Sagrado Corazón,  estaba decidido a entrar, pero después de cinco minutos decidí marcharme. Ya alejándome escucho un golpe intempestivo de un móvil metálico de esos que se ponen detrás de las puertas, la puerta se abrió, y entonces regresé rápidamente, ansioso por conocer al hermano brujo. Me esperaba ahí un hombre corpulento, de tez quemada y con camibuso rosado y jean. Me pide que ingrese rápidamente. Después de tanta espera el brujo daría las respuestas a mis preguntas.

– ¿Viene para una consulta? Espéreme aquí sentado un momento, ya me desocupo.

Me sentía virgen, con las manos casi mojadas en sudor, sentado en una poltrona rasgada y rodeado de cuadros con imágenes místicas me sumergí en ellas a inventarme historias. También escuchaba a una mujer ahí dentro que repetía las palabras del hermano, el hermano brujo oficinista.

– Con 2 te veo, con 3 te ato… (la única frase que me quedó grabada suficiente para hallar entre anaqueles la oración completa para atar a un mortal)… la sangre te bebo y el corazón te parto, Cristo valedme y dadme la paz ven (aquí dice el nombre de un man) dominado en cuerpo, pensamiento y voluntad ya no puedes mirar a nadie más que a mi tu amor y tu cariño son solo para mí, mi presencia te es atractiva, mi mirada te sugestiona, mi voz te domina, mis ojos te ciegan y mi voluntad es la tuya.

 ¡Pobre hombre! Pensé mientras miraba la imagen gloriosa del Divino Niño.

¿Y si se da cuenta que soy un impostor? ¿será que digo la verdad? ¿cuál es la verdad? tantas preguntas me acosaban, las imágenes sagradas también me miraban todas juntas. Era una víctima del miedo.

Viendo salir la muchacha, tan joven como yo, me adentré a la oficina del hermano brujo oficinista y me senté sin cruzar alguna extremidad, solo mirando por la ventana afuera del edificio lo feo que es San Victorino, porque prefería no ver esa montonera de santos que se hacían a mi lado, les temía; estaban, la de José Gregorio Hernández, Jesucristo, María, el Buda, distinguí algunos del hinduismo, del vudú, unos africanos, del amazonas, penes de cera, indios, y otros que en mi vida sabía que existían.

– ¿Cuál es el motivo de su consulta?

– ¿El motivo de mi consulta?


– ¿Sí, el amor, la plata?

– ¡Ah! Pues creo que el amor, no lo sé aún

¿Usted quiere atar a su novia, quiere regresarla verdad?

– La verdad soy gay

– Claro ya sabía, pero ¿cuál es el motivo por el que está acá?

Quería decirle que yo era un estudiante de artes plásticas y que por favor me regresara el cambio, o todo el billete de $20.000 que le di, pero que me quería ir ya. Obviamente no se lo dije y continué:

– ¿Usted tiene cambio del billete que le di?

– Ah, ¡sí! Espere busco sencillo

Y de ahí en adelante me empezó a preguntar, aportando él mismo todas las respuestas.

– Usted es activo, cierto 

– Versátil

Un muñeco de vudú que estaba quemándose de la sesión anterior empezó a rostizarse y
 a hacer un ruido crujiente. Quería delatarme quizás. Pero yo solo pensaba en ese pobre atado, dominado, y vuelto mierda sin hacerse daño.

Ok, seré sincero, no diré más mentiras, pensé.

– Yo la verdad estoy acá porque no sé si me gustan las mujeres, he tenido muchas relaciones con mujeres y con hombres, y sé que no está bien. Creo que ya no quiero ser gay. (mentí de nuevo)

Ahí puse entonces mi mano sobre las cartas y empezaron a ser leídas. No sin antes soltarle todos mis datos acerca de mis relaciones pasadas, tiempos, nombres, años, lugares, todo.

– Lo que veo acá es que a usted le gustan más los hombres. ¿Usted es activo? ¿Qué le gusta más?

Nunca pensé que una pregunta de un brujo me fuera a producir tanta excitación. Y cómo no deducir que me gustan más los hombres si hasta las cartas lo confirmaban con esas figuritas tan ornamentadas. Había en una de ellas, una corona de mariposas, una carta de un rey barbado y un mazo gigante, y otra con dos príncipes, todos tan sexys con sus medias veladas y poses manieristas. Eso hasta yo lo podía leer.

– Yo le aconsejo que disfrute, disfrute de la vida. Porque de todo lo que me ha contado puedo definir que usted no es promiscuo. Eso hablemos de promiscuidad cuando en un mes alguien tenga sexo con 20 personas.

Tragué saliva.

– pero usted según lo que me cuenta es normal, apenas está disfrutando de su juventud.

Contesta su celular y yo aprovecho para perderme entre las figuritas y las velas. Velas fálicas, velas teniendo sexo, penes y más penes de cera, tantas formas lascivas me hacían sudar frío. Mi consulta psicológica luego de mucha charla termina con un apretón de manos y un inolvidable consejo:

– Tranquilo, disfrute la vida, usted está muy joven … y si en unos meses se sigue sintiendo así pues vuelve.

Me fui con un sabor insípido luego de media hora de tertulia, queriendo que me adivinara mi suerte, mi futuro, o si ya estaba perdido en este infeliz mundo.

 

Una triste y corta historia

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Esta es una corta historia. Una triste y corta historia que se tatuó en los sesos como un recuerdo trágico imborrable.

Jugaba acostado en el suelo y mi hermana tomó mi mano desnutrida como solía estarlo en toda la contextura de mi niñez. Entonces me llevó a la sala para revelarme una verdad bastante renegrida, tan insípida como un plato de brócolis fríos que hacían nuestra vida infantil la más infame y desgraciada.

Sus ojos se estallaron de lagrimas intentando explicar de repente algunos secretos.

– Hermanito, debo contarte algo que he guardado por años.

Yo levanté la mirada y por primera vez en mis 4 años de vida, me detuve para afrontar la verdad.

-Yo soy tu verdadera mamá.

Sentía una cosa rara, como un dejà vu que tronaba y detenía mis sentidos y me empapaba de dudas existenciales, como un sonido de órgano de tubos de los que ponen en las iglesias, o como cuando una banda sonora maldita interpreta la música más triste de los sujetos mundanos más miserables.

Pero siempre lo supe en el fondo, pues la intuición es la facultad de pocos seres vivos y yo era uno de ellos. Aún así pedí una explicación, ¿por qué?

-Yo era muy joven, tan solo una joven que cometió un error y para ocultar esto a todos, mi madre, tu abuela, decidió tomar tu crianza y encargarse de ti. Ahora tú y yo somos hermanos, ella es nuestra mamá y debemos aceptarlo.

Sentía cómo mis pequeños órganos se llenaban de odio, mi reducido mundo se fue pintando de negro y salieron relámpagos y yo, por primera vez fui un hombre, tenía toda la valentía en unas manitos pálidas temblorosas, arrebataron de mí la inocencia, el resentimiento se rebosaba, mi abuela, ella con sus gafas era el peor de los seres vivos.

De repente sentí un golpe en la nuca, ¡mi madre!

– Ay, tan bobo! Era molestando, no llore, no le vaya a decir eso a mi mamá que me pega.

Disciplina corporativa

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Betty (Ilustración mía y de nadie más)

Nuestra sociedad se caracteriza por un ritmo de producción endiablado con exigencias de forma exponencial a sus trabajadores, se imponen reglas cada vez más drásticas, se retiran beneficios, disminuye el poder de adquisición, suben los precios, aumentan los impuestos, se privatizan las instituciones, las condiciones de contratación son menos favorables, en otras palabras dicha frase “los ricos más ricos y los pobres más pobres” es efectiva desde este mecanismo. Pero existe un factor aún más preocupante y es el de nuestra felicidad y su compatibilidad con ese sistema de producción.

Por ejemplo, en una empresa de webcenter los procesos de formación para asesores de redes sociales pueden durar meses mientras se adaptan a la corporación, ganan herramientas ofimáticas y de lectoescritura, y se incorporan a las normas empresariales. Pero ese millennial, el que se supone ideal para dicha adaptabilidad no se conecta con la cultura organizacional clásica, y ve en la industria del webcenter una etapa transitoria que solo sirve de “escampadero” en la búsqueda de sus ideales. Esta esencia de la nueva generación ha amenazado a la industria del call center desde sus inicios con cifras preocupantes de alta rotación. Los jóvenes quienes se consideran la masa obrera más productiva se agobian rápidamente en sus puestos de trabajo.

En este sentido desde el departamento de recursos humanos se plantean innumerables actividades que incorporan la esencia del millennial con el ejercicio laboral; eventos y lugares de esparcimiento, integraciones y situaciones que fomentan la reflexión y un entorno laboral más armónico. Aunque, estas estrategias también son percibidas por muchos críticos como distractores que al contrario de generar pausas activas, absorben aun más al individuo a la empresa y por tanto al sistema.

Por otro lado, la brecha entre el contexto familiar, laboral y personal es grande, es algo normal para nuestra cultura, y el ser humano desconfiado entre tantos prejuicios prefiere diferenciar entre estos contextos por mera conveniencia. Ese mismo sistema cultural tan fijo condiciona la conducta a la hora de buscar empleo; personas de servicio al cliente con estéticas no convencionales todavía son rechazadas, la uniformidad como requisito para la identidad corporativa todavía se impone, la experiencia laboral es un requerimiento fundamental sobre el académico, la discapacidad es limitante, la primera impresión en una entrevista y la competencia medida a través del test psicológico determinan qué tan idónea es una persona para un cargo laboral.

Esto se refuerza en los medios. Por citar un ejemplo, los colombianos vivimos un momento de gran afinidad con las transmisiones del canal RCN y la novela Betty la Fea. Sin lugar a dudas reflejó el injusto funcionamiento de esta estructura dentro del mundo corporativo, un grupo de mujeres con un canon estético poco aceptado en la industria de la moda que obtuvieron el reconocimiento por su esencia interior, pero que a fin de cuentas solo fue posible obtenerlo realizando cambios superficiales en su vida, entregando a nuestra cultura popular una sensación de justicia que finalmente continuó siendo injusta.

Vemos entonces como la autonomía y la espontaneidad no tienen sentido en un mundo prefabricado de prejuicios. Los medios de comunicación nos vende un sistema social único e ideal, creando en nosotros actitudes, hábitos y formas unificadas de ver el mundo. Se trata de un modelo social que vende una conciencia de “libertad” que encaja a todos los individuos en un mismo régimen donde difícilmente se permite la oposición.

Lo paradójico del asunto es, cuando las élites se apropian de las manifestaciones de sublevación cultural, se convierte en hegemonía y se acepta como verdad, como asunto político que no vale la pena ser juzgado, porque pareciera que todo lo que viene de arriba es cool.

Sea cual fuera el punto, parece que la educación lleva gran parte en la responsabilidad de formar individuos capaces de realizar criticas a su propio entorno evitando ser prisioneros ingenuos de una alienación de la estructura social.

La escuela también, al igual que la empresa ha transmutado para disponer en el sistema personas con menos frustraciones de vida y herramientas para replantearse su ejercicio social, puesto que antes que enseñar a jurar a la bandera de su país, el individuo debe aprender a jurar a sus propios ideales, en otras palabras, aprender a ser realmente feliz por sus propios medios.

Preparar al individuo para la vida no es prepararlo de una manera instrumental. las instituciones deben ser conscientes de formar integralmente, motivando a sus estudiantes a continuar con el desarrollo individual en un aprendizaje constante que no debe finiquitar en la educación para el trabajo. Porque la educación no debe tener fin, debe ser una condición dinámica y paulatina necesaria para el desarrollo de los seres sociales. Existe pues un gran reto pedagógico, incentivar al estudiante a emprender procesos de formación por iniciativa propia y no para satisfacer unas condiciones de industrialización. De no ser así, la diferencia entre hacer una tarea para obtener una nota no será distante de trabajar por un ganar un sueldo y subsistir. Y esta es la lamentable forma en que aprendemos socialmente, incluso en su núcleo, la familia, que nos da un castigo o una recompensa dependiendo de cómo asumamos nuestros roles.

Como educador ¿de qué manera introduzco a un individuo a la sociedad siendo libre dentro de un sistema? ¿cómo se convierte la escuela en un espacio incluyente que construya en los estudiantes posibilidades para salir de sus frustraciones? Esta es la tarea más grande del maestro, permitirle al estudiante usar su propia opinión con una razón justificada, y no utilizar la educación como otro aparato ideológico de dominación o adoctrinamiento que condicionará su felicidad por el resto de su vida.

Oficinista exitoso

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Don Coso, 2012 (Fotografía mía y de nadie más)

El ser humano es un individuo capaz de crear sus propias reglas para mantener su supervivencia. Reglas que aún sabiendo no siempre le ayudarán a encontrar su realización las sigue para conservar el orden de su vida y la de los demás. Para esto la educación cumple su tarea, enseñarlo a ser libre, pero condicionándolo e introduciéndolo a un sistema que según la verdad colectiva nos conviene para nuestra función como seres sociales.

Me surge entonces una duda de manera inmediata ¿Qué sucede cuando un pequeño individuo es consciente de ello y decide caminar en la dirección del viento confiado en la rebeldía como única herramienta para llegar a sus propios deseos?

En una de esas conversaciones de oficina hablábamos sobre la difícil tarea de salirse del régimen de una vida ideal y mientras reflexionábamos sobre un indigente que habíamos visto concluíamos que eran sujetos valientes al combatir todo el sistema social. Probablemente en aquella conversación, sumergidos desde la ignorancia deducíamos en que de no ser por la educación y la disciplina nuestra vida sería más difícil o incluso no tan diferente de esa insuficiencia o clase social que de manera tan infame y ruin nos atrevíamos a analizar.

¿Qué nos depararía el destino si vamos en contra de la corriente y simplemente perseguimos nuestros verdaderos ideales? ¿Qué hay de quienes desean seguir sus anhelos y simplemente accionan el botón de la máquina de sus sueños? ¿Cómo se enseña esto a un individuo, a ser libre, libre de qué? Qué sucede si un día dejamos de ser oficinistas, profesores, jefes, operarios y realmente pensamos en algo que siempre quisimos hacer. Pensemos por un momento sin dar una respuesta apresurada. Por mi parte quisiera vivir en una isla, vivir de mi propia producción agrícola y decorar una hermosa casa al lado de unas grandes palmeras. Sin embargo, me fatigaría rápidamente y desearía hacer parte lo más pronto del sistema que tanto cuestiono, quisiera nuevamente sentirme “útil para la sociedad”.

El hippismo ya fue testigo de ello y nos demostró que quizás la única salida es seguir en la vía del capital, de la producción, de generar distinciones de quién tiene más y con fortuna no hará parte de la masa obrera, asalariada que aplaza sus sueños para que los demás lo cumplan ¿quiénes? No se sabe.

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Don Coso, 2012. Chapinero Bajo (Fotografía mía y de nadie más)

Un golazo de Avantel

Hace varias semanas, Avantel, lanzó una campaña BTL en uno de sus distribuidores en la ciudad de Bogotá, contratando personal con trastorno de enanismo y a quienes se les pidió usar las siguientes camisetas.

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Las críticas fueron simultáneas, polarizando dos bandos, los que criticaban dicha estrategia de mercadeo y los que la defendían, ocasionando una avalancha de discusiones que abarcaron desde el ámbito sociológico hasta el marketing. Este evento generó un free press de manera instantánea, y medios como la WRadio y El Espectador exponían el fenómeno con total neutralidad.

Ante este imprevisto, Avantel, decide disculparse de manera pública y da un giro estratégico a la campaña. Un giro que basado en las interacciones fue totalmente oportuno favoreciendo su imagen de marca y aprovechando su mejor momento para posicionarse en el mercado con una filosofía bastante corrosiva.

Era de aplaudir la acción estratégica de Avantel pero me cuestionaba profundamente los valores que dicha empresa estaba fomentando, incluso cuando habían publicado unas horas antes un corto comunicado ofreciendo disculpas:

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Ante esta contradicción decidí expresar mi inconformidad argumentando algunas ideas las cuales una de sus líderes de mercadeo me respondió:

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Ahora, se define al trabajo digno como aquel que garantiza la igualdad de trato para todos. Una correlación que busca equidad, libertad, seguridad y dignidad humana. Manifesté mis dudas entonces de que estos valores estén inmersos en dicha campaña.

Supongamos que las personas que participaron en la estrategia de ventas la defienden con publicaciones como las siguientes, y el tema sea “superado” por considerarse que estos empleados deciden hacer parte de esa táctica comercial bajo una idea de “dignidad”.

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Sin embargo, existen cientos de trabajos que no son dignos pero bien recibidos. Si Avantel quisiera dar un verdadero ejemplo de inclusión contrataría a estas personas como asesores de servicio al cliente, analistas, asistentes, ingenieros o cualquier cargo que exija y requiera de sus servicios, y no como estrategia de mercadeo. Algo que no dista mucho del fenómeno de circo, donde se contrataban enanos para hacer reír al público.

Si esto fuera así, si las personas con discapacidades estuvieran laborando bajo un contrato equitativo dentro de las oficinas de dicha empresa de telecomunicaciones, las personas al ver este ejemplo de inclusión empezarían a replantearse muchas ideas, generando un cambio considerable en la sociedad. Lamentablemente no es así, y la salida más cercana que encontró Avantel fue contratándolos como una carnada de mercadeo para que la gente se ría, surja una empatía absurda y concluya al final que esta empresa además de utilizar estrategias creativas muy oportunas es incluyente, y que debemos dar las gracias al recibir este tipo de políticas organizacionales.

Las comunidades oprimidas no pueden luchar tanto a lo largo de la historia para terminar vendiéndose de esta manera.

A pesar de que todos hemos caído en estereotipos, incluso nos hemos reído de manera infame, preferimos ocultar dichas expresiones para no acentuar los prejuicios, dejándolos ahí, bien guardados, porque si nosotros entendemos que estamos inmersos en un sistema que nos enseñó a generar dichos patrones pero empleamos resistencias para superarlos construiremos una cultura más rica, más diversa y respetuosa. Quien afirme que no ha caído en el estereotipo o en dicha contradicción alguna vez quizá no pertenezca a este sistema social, cosa que veo muy difícil, ya que el ser humano nace en una estructura que condiciona su forma de ver el mundo. Desde pequeños aprendemos a ver la sociedad con algunos parámetros muy absurdos y unos juicios de valor obsoletos. El punto clave del asunto está en qué medidas tomar al respecto y cómo podremos superarlo. Un ejemplo de esto es la forma como caemos constantemente en ideas como: “Los ñeros roban – Los uribistas son ignorantes – Los ricos nos oprimen”, algo que definitivamente debe ser vencido por el hombre postmoderno.

Los estereotipos no se pueden exponer en una campaña publicitaria a la vista masiva de una sociedad que lucha día a día con razón crítica para superarse.

Por supuesto, nadie quisiera hablar mal de la empresa que nos contrata cuando las condiciones de desempleo son tan hostiles. Como filosofía de vida optar por reírse de sí mismo, de nuestros propios defectos es la mejor manera de superarlos, pero, que una empresa se aproveche de ello para contratar a alguien como repartidor de volantes es muy cruel. Imaginemos si el día de mañana alguna otra entidad decide contratar a afrodescendientes para promocionar un black friday, incluso sin irnos a un ejemplo tan distante, aún son muchas las marcas que en sus campañas usan a mujeres con ciertos cánones estéticos e incluso semidesnudas, y es aquí donde el problema toma un discurso de complejos fenómenos sociológicos y filosóficos que deben ser replanteados y tenidos en cuenta para ser sobrepasados.

¿Estamos en un momento de la historia para ejecutar este tipo de performances? son pocas las empresas que en la base de su filosofía corporativa se encuentra el valor de la diversidad, y no ejecutan campañas publicitarias preocupadas por su imagen de marca y con los bolsillos abiertos esperando a que se llenen sus cuentas diciendo que dan trabajo de manera ética a un grupo de personas que “nadie contrata”.

Si de verdad están comprometidos con la inclusión, deben buscar otro tipo de estrategias con comunidades que tanto han luchado en la historia para hacer valer sus derechos, y no con una excusa donde la falta de ética y el marketing se tiren lo que tanto se ha logrado como sociedad.

Cuando los comunicadores o publicistas no tienen en cuenta las ciencias sociales, el arte o la filosofía cometen errores como estos. Realizando un video emotivo para dar un giro y “meterle un golazo” a los avances sociológicos, retrocediendo y cayendo nuevamente en el uso del estereotipo para vender.

Es ideal replantearnos qué medidas tomar al respecto, solo así considero que nuestra evolución se construye, si con razón crítica analizamos todas las comunicaciones que nos abordan podremos superarnos como seres sociales.

Nuestros valores pueden ser afectados de manera profunda con campañas ejecutadas irresponsablemente que refuerzan estereotipos sociales y venden ideas falsas de progreso. Quizás para muchas personas sea irrelevante el hecho que se profundice tanto en una campaña publicitaria, sin embargo, desde asuntos tan particulares construimos nuestra estructura social y le damos una forma que nos puede oprimir o liberar para edificar nuestra felicidad como individuos políticos.

Insignificantes

A veces quisiera cagar una paloma, solo para desearle buena suerte.

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Qué bonito es saludar y ser saludado

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Para el día de mi muerte, quisiera que mi tumba fuera un gran espejo que mirara hacia el cielo…

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así me mezclaría con un pequeño paisaje azul infinito,

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confrontando uno de mis más grandes miedos; el infinito, que es prácticamente la nada.

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Porque nadie puede resolverlo y quizá por eso no existe.

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Haciéndonos más insignificantes aun.

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A veces pensamos que unos son más insignificantes que otros,

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aunque las palomas sí puedan volar,

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aunque nos arrojen excremento.

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Ellas se revolcarán en nuestra basura,

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por los siglos de los siglos en un profundo azul infinito.

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